El comportamiento del ácaro hembra es clave para entender esta reacción: cuando entra en contacto con la piel humana, excava pequeños surcos en la capa más superficial. Mientras avanza, deja huevos y residuos, que son los responsables de desencadenar la respuesta del sistema inmunológico. Es esta reacción defensiva la que provoca el picor tan característico, y no el avance del ácaro en sí.
La sarna se transmite principalmente a través del contacto directo y prolongado con una persona infestada. Actividades cotidianas como dormir en la misma cama, abrazar con frecuencia o compartir espacios cerrados durante mucho tiempo pueden facilitar el contagio. Aunque en menor medida, también puede adquirirse al utilizar prendas, toallas o ropa de cama que hayan estado en contacto con la piel afectada.
Cuando en un hogar se confirma un diagnóstico de escabiosis, no basta con tratar únicamente a la persona afectada. Los profesionales de la salud suelen recomendar que todas las personas convivientes sigan las indicaciones médicas, ya que es la única forma de evitar que el ácaro continúe circulando entre los miembros del hogar.
En contraste, una alergia cutánea puede surgir por una variedad de motivos: contacto con sustancias irritantes, reacciones a alimentos, sensibilidad a cosméticos o incluso exposición ambiental. Aunque también puede producir picazón, su origen no está relacionado con parásitos, sino con una respuesta inmunológica frente a algún elemento que el cuerpo percibe como agresor. Por eso, el tratamiento y el abordaje médico son completamente diferentes.
-
continúa en la página siguientever