Muchas personas de fe sienten una culpa silenciosa al orar en la cama, especialmente en las noches en que el cansancio los agobia. Sin embargo, a lo largo de las Escrituras, un mensaje aparece una y otra vez: Dios escucha toda oración sincera, sin importar tu postura o lo cansado que estés. Este artículo explora cómo esos suaves susurros nocturnos pueden convertirse en algunos de los momentos más íntimos y significativos con lo divino.
Orar en momentos de fatiga: una experiencia largamente venerada
En el mundo acelerado de hoy, el cansancio, tanto físico como emocional, es casi inevitable. Hay noches en que las fuerzas se agotan, y lo único que uno puede hacer es susurrar una oración cansada a la almohada. Lejos de ser irrespetuosa, la Biblia nos recuerda que esas oraciones agotadas a menudo contienen una profundidad y una honestidad que Dios aprecia.
En el Salmo 4:4, David escribe: “Medita en tu corazón mientras estás en tu cama y guarda silencio”.
Esta frase revela algo significativo: la cama puede ser un espacio legítimo para la reflexión, la oración y el diálogo interior.
Para la tradición hebrea, la noche no era solo un espacio de descanso, sino un momento de apertura espiritual. A medida que el ruido desaparece y la mente se aquieta, el corazón se vuelve más receptivo a la escucha.
Encuentros con Dios que ocurrieron mientras estaba acostado
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