Retiran estas pastillas porque pueden producir trombos, coágulos y hasta un infarto

Para entender la gravedad del asunto, primero hay que hablar claro sobre qué son los trombos y por qué representan un riesgo tan alto. Un trombo es, básicamente, un coágulo de sangre que se forma dentro de una vena o una arteria y que puede bloquear parcial o totalmente el flujo sanguíneo. Cuando esto ocurre en zonas críticas como el corazón, el cerebro o los pulmones, las consecuencias pueden ser devastadoras: infartos, embolias o accidentes cerebrovasculares que cambian la vida en cuestión de minutos.

El problema con algunas pastillas es que, bajo ciertas condiciones, pueden alterar el equilibrio natural de la sangre. Nuestro cuerpo tiene un sistema muy fino para evitar sangrados excesivos, pero también para impedir que la sangre se coagule cuando no debe. Algunos medicamentos, especialmente los que influyen en hormonas, metabolismo o circulación, pueden romper ese equilibrio y hacer que la sangre se vuelva más propensa a formar coágulos.

En muchos casos, el riesgo no aparece de inmediato. Hay personas que toman estas pastillas durante semanas o incluso meses sin notar nada extraño. Sin embargo, el daño puede ir acumulándose poco a poco. Un día, sin previo aviso, aparece un dolor fuerte en el pecho, falta de aire, mareos intensos o una sensación extraña en un brazo o una pierna. Y cuando eso ocurre, el tiempo se vuelve crucial.

Una de las razones por las que estas pastillas han sido retiradas es porque se detectaron más casos de eventos cardiovasculares de lo esperado. Es decir, personas aparentemente sanas comenzaron a sufrir trombosis, coágulos severos o infartos, y al analizar los antecedentes, el consumo de estos medicamentos aparecía como un factor común. A partir de ahí, las alertas se encendieron y se iniciaron investigaciones más profundas.

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