Hablemos claro: un hombre puede producir espermatozoides prácticamente toda su vida, sí. Eso es cierto. Pero producir no es lo mismo que producir con la misma calidad, velocidad o estabilidad genética que cuando se tienen 20 o 30 años. Con el paso del tiempo, el cuerpo acumula desgaste. Es normal. Ocurre en los músculos, en las articulaciones, en el sistema cardiovascular… y también en el sistema reproductivo.
Uno de los primeros cambios que aparecen tiene que ver con la cantidad y la movilidad del esperma. En términos simples: con los años, suele haber menos espermatozoides y muchos de ellos se mueven peor. No es que de un día para otro todo se “dañe”, sino que es un proceso gradual. Lento, casi silencioso, pero real. Y esto puede hacer que lograr un embarazo tome más tiempo de lo esperado.
Pero ahí no termina la historia. Lo que más llama la atención a los científicos no es solo la cantidad, sino la calidad genética del esperma en hombres de mayor edad. Cada vez que una célula se divide, existe la posibilidad de que aparezcan pequeñas mutaciones. En los hombres jóvenes, el cuerpo suele manejar esto con bastante eficiencia. Sin embargo, a medida que pasan los años, esas mutaciones pueden acumularse.