Esto no significa que todos los hombres mayores vayan a tener hijos con problemas. No es una sentencia ni mucho menos. Pero sí aumenta el riesgo estadístico de ciertas condiciones. Algunos estudios han encontrado relación entre la edad paterna avanzada y un mayor riesgo de trastornos del neurodesarrollo en los hijos, como el autismo o la esquizofrenia. De nuevo: riesgo no es destino, pero es información que vale la pena conocer.
También está el tema hormonal. La testosterona, esa hormona tan asociada a la virilidad, no se mantiene intacta para siempre. Con los años tiende a disminuir, y eso puede afectar la producción de esperma, el deseo sexual y la función eréctil. Muchos hombres lo notan, otros lo niegan, y algunos simplemente lo atribuyen al estrés o al cansancio. Pero el cuerpo habla, incluso cuando no queremos escucharlo.
Curiosamente, hay un mito muy extendido que dice que los hombres mayores tienen esperma “más fuerte” o “más sabio”, casi como si la experiencia de vida se transfiriera mágicamente a las células reproductivas. Suena bonito, pero no tiene base real. La biología no funciona con metáforas románticas. Funciona con procesos celulares, con desgaste y con probabilidades.
Ahora bien, no todo es negativo ni alarmista. La edad no actúa sola. El estilo de vida juega un papel enorme. Un hombre de 45 o 50 años que se cuida, hace ejercicio, duerme bien, come de forma balanceada y evita hábitos dañinos puede tener una calidad seminal mucho mejor que un hombre de 30 que fuma, duerme poco, vive estresado y se alimenta mal. El cuerpo es más flexible de lo que a veces creemos.